Los criterios empleados habitualmente para
mejorar la capacidad de trabajo de la cosechadora se relacionan con
aspectos como experiencia y destreza del operario, diseño de la
plantación, disminución del tiempo de traslado y de mantenimiento
de las cosechadoras, y el estado de funcionamiento de la maquinaria
en general.
Como sucede en la mayoría de los cultivos,
durante la recolección de la materia prima se producen pérdidas
que deben ser tolerables dentro de ciertos límites. En general se
asume una cosecha eficiente cuando los valores de pérdidas no
superan el 2,5% o el 3% del total posible a cosechar en el lote.
Para lograrlo, es importante realizar un monitoreo constante y
periódico durante la cosecha para conocer la interacción de las
variables que inciden en cada situación y su influencia sobre las
pérdidas, a fin de corregirlas en tiempo real.
Es importante destacar que la mayor parte de la
agroindustria y los productores independientes no efectúan una
valoración objetiva de las pérdidas generadas en la tarea de
recolección de la caña.
Ante esta situación, técnicos del Proyecto
Precop II y del Grupo Caña de Azúcar, del INTA Famaillá, llevan
adelante una investigación para determinar las pérdidas de caña
de azúcar producidas durante la operación de cosecha integral ante
diferentes condiciones del cultivo y discriminar la composición de
esas pérdidas entre precosecha y cosecha, ponderando el peso de las
fracciones que la componen.
Las evaluaciones se realizaron sobre lotes con
las tres variedades más cultivadas en la provincia (LCP 85-384,
TucCP 77-42 y RA 87-3), entre julio y octubre de 2009 y 2010,
abarcando el período de mayor volumen de cosecha en Tucumán. Entre
las dos campañas se analizaron 81 casos.
Para realizar la evaluación, se escogieron 30
puntos de muestreo sobre el sector del lote que estaba siendo
cosechado por la máquina. Se recogió todo el material considerado
movible, que se reconoció.
Simultáneamente se confeccionó una ficha del
sitio de muestreo donde se registró edad del cañaveral, variedad,
rendimiento cultural, estado del terreno, presencia de caña caída
(%), marca y modelo de la cosechadora, antigüedad de la
cosechadora, velocidad de avance (km/h), velocidad de los sistemas
de limpieza, antigüedad del operario, entre otras variables.
Cabe aclarar que el relevamiento no incluyó las
pérdidas en el trasbordo entre la cosechadora y la transportadora,
ni las que se producen en el trayecto hasta la fábrica.
Resultados
Los resultados demostraron que por debajo de
los rangos de pérdidas tolerables (2,5%), el porcentaje de vuelco
es mínimo con rendimientos culturales óptimos y con antigüedad
del operario cercana a nueve años. Esta franja menor de pérdidas
se registró en el 16% de los casos; mientras, en el 84% restante,
las pérdidas superaron la cifra de tolerancia, coincidiendo con el
incremento del vuelco y la menor antigüedad del maquinista.
Mientras la mitad del total de pérdidas
correspondió a precosecha, la otra mitad fue de pérdidas de caña
soplada y trozada.
La edad del cañaveral se asocia al peso
individual de los tallos y su efecto sobre la predisposición al
vuelco, especialmente en "caña planta" y "socas
jóvenes" donde las pérdidas más importantes fueron de
precosecha y cosecha trozada.
En tanto, en "socas viejas", de entre
3 y 5 años de edad, al tener tallos más livianos, el vuelco y las
pérdidas por cañas trozadas fueron menores, aumentando las
pérdidas de caña soplada por la fuerza del extractor primario en
el sistema de limpieza de la cosechadora.
En la medida en que se incrementó el vuelco,
las pérdidas de precosecha aumentaron al 90% respecto de los lotes
con vuelco inferior al 30%. A partir del 50% o más de incidencia de
vuelco, se verificó una disminución de las pérdidas en casos
severos de vuelcos, por lo que se infiere que el operario disminuyó
la velocidad de avance (de 5,6 a 4,5 km/h).
En las pérdidas totales no se observan
diferencias en el desempeño de las máquinas con relación a su
antigüedad. En las cosechadoras fabricadas a partir de 2003, que
tienen mayor potencia, el 54,9% del total de las pérdidas
correspondió a caña trozada y soplada, lo que indicaría una falta
de control y regulación más precisa en el sistema de conducción y
limpieza de la caña ya cosechada. Mientras, que en las cosechadoras
más antiguas, el 63,4% de las pérdidas se asociaron a la
precosecha.