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Laboreo del Suelo.
El ciclo de los nutrientes en los trópicos es
muy diferente a las zonas templadas, en éstas una porción
importante de la materia orgánica (MO) y de los nutrientes
disponibles permanece en el suelo, mientras que en los trópicos una
proporción mayor está en la biomasa y recorre su ciclo dentro de
la estructura orgánica del sistema.
Si se compara un bosque templado con uno
tropical, el primero conserva más del 50% del carbono orgánico (C)
y más del 90% del nitrógeno orgánico (N) en el suelo, mientras
que el segundo posee el 75% del C y el 60% del N en la vegetación y
de ello el 45% está en la parte aérea. Por ello en los trópicos
la supresión de un bosque significa que el suelo no puede retener
los nutrientes ni permitir su ciclo, situación ésta que resulta
agravada por las altas temperaturas y períodos de lluvias
lixiviadoras.
Es de esperar que los estudios de los
ecosistemas naturales que han desarrollado la capacidad para
resolver estos problemas, aporten datos para concebir sistemas
agrícolas más apropiados para los climas cálidos.
Agregación del Suelo.
El enlace de las partículas del suelo para
formar agregados estables es esencial para que sus condiciones de
laboreo sean óptimas, suelos bien agregados proveen condiciones
físicas para la penetración de las raíces, drenaje libre y
moderada retención de agua. Condiciones que favorecen la existencia
de un régimen favorable agua-aire para el crecimiento de las
plantas y la actividad microbiológica. Los suelos bien agregados
son más resistentes a la erosión que las partículas que lo
componen: arcilla, arena, limo y MO. La dinámica e inestabilidad de
ésta última en zonas tropicales merece discutir el argumento en
particular y en relación al laboreo del suelo.
Materia Orgánica en el Suelo, Pérdidas y Estabilización.
La MO del suelo tiene una fuerte relación con
la persistencia y degradación de los pesticidas y residuos
orgánicos en el suelo, la importancia de sus efectos positivos son
aún ampliamente ignorados por muchos actores del sector agrícola.
Entre sus contribuciones positivas conviene destacar: a) es la mayor
fuente natural de nutrientes inorgánicos y de energía microbiana,
b) sirve como material de intercambio iónico y agente quelante para
mantener disponibles el agua y los nutrientes del suelo, c) promueve
la agregación del suelo y el desarrollo de la raíces, d) mejora la
infiltración del agua y su eficiencia de uso.
El nivel de MO en el suelo es influenciado por
los factores que según su importancia son: el clima, la
vegetación, la topografía, el material original y el tiempo. Todos
ellos interactúan parcialmente, por ejemplo lluvias abundantes
(clima) resultan generalmente en mayor producción de biomasa
(vegetación). La MO del suelo alcanza un estado de equilibrio
cuando estos factores, excepto el tiempo, varían muy poco; para
alcanzar un equilibrio estable, según el clima, son necesarios
entre 100 y 2000 años.
En general se coincide que: los suelos cubiertos
con pasturas poseen niveles de MO mayores que los cubiertos por
bosques; los contenidos son mayores conforme las precipitaciones son
más abundantes y son menores con temperaturas más altas; las
texturas finas presentan contenidos más altos que los de textura
gruesa; los suelos más húmedos y con drenaje pobre poseen
contenidos de MO más altos que los bien drenados y, los suelos que
ocupan las partes más bajas del relieve poseen más MO que los que
ocupan las partes más altas. Todos estos aspectos son afectados
cuando las tierras vírgenes son cultivadas, pues una porción muy
grande de la biomasa es removida para destinarse a la alimentación
o para ser usada como combustible. El cultivo seleccionado, las
rotaciones y la utilización de los residuos vegetales determinan la
cantidad de biomasa que circula dentro del sistema. La pérdida de
MO, usualmente, es exponencial ya que declina rápidamente durante
los primeros 10 a 20 años y luego tiende a frenarse para alcanzar
un nuevo equilibrio en 50 a 60 años. El nuevo equilibrio será
altamente dependiente del manejo agronómico del sistema, en
particular lo relacionado con la utilización de rastrojos,
rotaciones y labranzas (ver tabla 1). Por ejemplo mientras un
cultivo ocupa un terreno el ciclo de la MO es más lento debido a
compuestos inhibidores liberados por las raíces, predación de la
rizósfera o a que las plantas compiten por el C orgánico con los
microorganismos. Otro aspecto bastante claro es que el uso de
labranza conservacionista previene la pérdida de MO.
Tabla 1: modificación
de las propiedades de los suelos con uso agrícola del NOA (Vargas
Gil J.R. 1999)
|
Localidad
|
Suelo |
Situación |
MO
(%) |
N
(%) |
P
(ppm) |
pH |
|
Tartagal (Salta) |
Argiustol
údico |
Monte
15
años past/granos |
5.40
2.07 |
0.25
0.11 |
26
23 |
5.8
6.2 |
|
Embarcación (Salta) |
Argiustol
údico |
Monte
6 años
de granos |
3.16
1.83 |
0.17
0.10 |
70
65 |
5.8
6.2 |
|
Las Lajitas (Salta) |
Haplustol
údico |
Monte
10
años granos |
3.17
1.88 |
0.18
0.10 |
45
18 |
5.9
6.8 |
|
Metán (Salta) |
Argiustol
údico |
Monte
15
años granos |
4.20
2.81 |
0.28
1.36 |
67
19 |
7.0
7.5 |
|
Ledesma (Jujuy) |
Argiustol
údico |
Monte
30
años caña |
5.80
2.17 |
0.28
0.12 |
16
8 |
7.0
6.7 |
|
San Lucas (Jujuy) |
Haplustol
údico |
Monte
20
años mixto |
4.60
1.70 |
0.35
0.08 |
17
25 |
6.7
6.5 |
|
Pampa Blanca (Jujuy) |
Argiustol
údico |
Monte
15
años agricultura |
3.10
1.67 |
0.16
0.07 |
25
3 |
6.4
5.8 |
|
Trancas (Tucumán) |
Haplustol
típico |
Monte
30
años agricultura |
4.30
1.43 |
0.21
0.08 |
21
10 |
6.9
7.0 |
|
Cruz Alta (Tucumán) |
Hapludol
T.argico |
Alambrado
50
años de caña |
5.40
2.03 |
0.48
0.11 |
19
4 |
7.0
6.2 |
|
Concepción (Tucumán) |
Argiustol
típico |
Alambrado
100
años agricultura |
3.02
1.47 |
0.14
0.11 |
7
16 |
6.0
6.5 |
|
La Cocha (Tucumán) |
Haplustol
údico |
Monte
5 años
de granos |
3.90
2.80 |
0.19
0.14 |
12
16 |
6.3
6.5 |
|
El Alto (Catamarca) |
Argiustol
típico |
Monte
2 años
de granos |
4.00
1.81 |
0.25
0.12 |
31
36 |
7.2
6.8 |
|
Campo del Cielo (Sgo) |
Haplustol
údico |
Monte
5 años
de algodón |
4.50
2.90 |
0.29
0.18 |
118
64 |
6.9
6.1 |
El Manejo y los Procesos de Erosión.
El efecto de los residuos orgánicos sobre la MO
del suelo parece jugar un rol muy importante en la determinación
del equilibrio y se relaciona mucho con la cantidad y muy poco con
el tipo de residuo. Su descomposición es un hecho fundamental para
sostener el contenido de MO en el suelo, pues los productos de la
degradación son incorporados en diferentes combinaciones.
Los factores determinantes de la degradación
son: temperatura, humedad, aireación, pH, C, N, contenido de
lignina, tamaño de las partículas y grado de enterrado en el
suelo. La descomposición de los residuos se produce a través de un
proceso que incluye etapas sucesivas que involucran transformaciones
tanto químicas como físicas. En general, la fracción de C soluble
en agua como azúcares, ácidos orgánicos, proteínas y las partes
no estructurales de los hidratos de carbono se degradan primero,
luego los polisacáridos estructurales como celulosa y hemicelulosa
y finalmente la lignina cuya tasa de descomposición es mucho más
lenta.
La pérdidas de C y N orgánicos son el
resultado de la combinación del incremento de la oxidación debida
al laboreo, menores retornos de residuos al suelo y, frecuentemente,
erosión hídrica y eólica. Los procesos de erosión pueden
modificar significativamente la superficie del suelo, alterar su
textura, la acumulación de MO y capacidad de conservar el agua.
Mientras que la aeración del suelo puede cambiar por efecto del
drenaje y por el incremento en la densidad provocada por las
labranzas y el tráfico vehicular. La erosión continua del suelo,
tiene un efecto pronunciado sobre la estabilidad del nivel de MO y
en consecuencia, reduce la productividad de largo plazo de muchos
agroecosistemas. No ha sido fácil separar en estudios de largo
plazo las pérdidas de MO debidas a los fenómenos de erosión de
aquellas debidas a su oxidación acelerada o a bajos inputs
de C orgánico. Sin embargo, los resultados más recientes indican
que la erosión del suelo es el factor dominante en la pérdida de
MO en sistemas de cultivo continuo.
En el NO Argentino la tala y el uso del suelo en
agricultura, con aumento de la presión sobre el mismo, provocan un
considerable incremento y concentración de los escurrimientos
superficiales. Las condiciones naturales dan lugar a cambios en la
red de drenaje natural, favorecidos por las características del
relieve de pendientes largas y continuas. Por ello, es esencial
conocer cuanto y como se mueve el agua superficial dentro de una
cuenca; manejar los escurrimientos, sanear y recuperar las áreas
afectadas por erosión y/o anegamiento.
De los 3,8 millones de ha con aptitud agrícola
del NOA 1,4 millones de ha están habilitadas, de ellas 330 mil
presentan desmontes inapropiados, 827 mil muestran signos de
erosión hídrica y 102 mil erosión eólica. Es común observar
pérdidas de MO, cambios en la disponibilidad de nutrientes (N y P)
y acidificación del suelo.
Compactación del Suelo.
El incremento en la densidad aparente y la
erosión de la capa superficial que caracteriza a la puesta en
cultivo de las tierras vírgenes, están acompañados de efectos
negativos en el contenido de C y N orgánico. Según datos de
distintas partes del mundo, que incluyen a la Argentina, los
incrementos en la densidad son del orden de 13 al 28%; el laboreo
intensivo disminuye la estabilidad de los agregados, la
disponibilidad del C orgánico demandado por la flora microbiana y
deja expuesto el material orgánico protegido del suelo luego de
romper su estructura. Cuando ello predomina por largos períodos de
tiempo esta situación deriva en actividad microbiana limitada por
escasez de C y como consecuencia más clara, los suelos presentan
una estructura débil con incapacidad de resistir las labranzas, el
transporte de agua o el tráfico de vehículos.
La compactación que se produce en los suelos
agrícolas es el resultado inevitable del aumento de su densidad por
disminución del espacio poroso y se origina principalmente en los
procesos de humedecimiento-desecación y en el tráfico vehicular.
Como resultado se afecta de manera negativa la penetración de las
raíces, el intercambio gaseoso, la infiltración y conservación
del agua; todos estos aspectos restringen el desarrollo de las
raíces, la actividad microbiana, la absorción de nutrientes y los
procesos de mineralización.
La resistencia a la compactación de un suelo
depende, entre otros aspectos, de su textura (determina el ángulo
de roce entre las partículas del suelo), de los contenidos de
humedad y de MO.
Con la intensificación de la mecanización en
la agricultura, el tráfico vehicular de tractores, cosechadoras e
implementos ha pasado a ser la causa inductora de compactación más
relevante, pues los equipos son cada vez más grandes, pesados y el
tráfico sumamente intenso. Por ello merece la pena referirse en los
próximos párrafos a precisar algunos conceptos básicos
relacionados.
Actualmente se distinguen dos tipos de
compactación del suelo: la superficial que comprende la primera
capa de 35 cm. y depende de la presión (peso por unidad de
superficie) y de las características de los neumáticos u orugas de
goma; la subsuperficial o profunda cuando se incluye suelo a más de
35 cm. de profundidad y que depende exclusivamente del peso por eje
del equipo. Se sabe que si el peso por eje supera los 50 kN el suelo
se compacta y que el mayor daño ocurre durante la primera pasada
del equipo.
A fin de optimizar la eficiencia de producción
es necesario usar tractores más potentes y caros, con capacidad de
ejercer altos esfuerzos de tiro y así accionar equipos de arrastre,
por ejemplo sembradoras más anchas y pesadas que trabajan a
velocidades relativamente altas.
Figura 1: la agricultura extensiva exige
tractores más potentes
Entre los índices disponibles para estimar la
eficiencia del tractor y a los efectos de esta discusión, resultan
más útiles la eficiencia tractiva ( )
que relaciona la potencia en la barra ( )
con la potencia en el eje ( )
y el coeficiente de tracción ( )
que relaciona el esfuerzo de tiro realizado ( )
con el peso adherente (estático + dinámico) del tractor ( ).

La eficiencia tractiva permite interpretar
cuanta potencia se aprovecha ( )
en relación a la potencia ofrecida por el tractor ( );
se sabe con certeza que la eficiencia tractiva depende directamente
del peso adherente del tractor y que valores medios aceptables es 1
kN / HP en el motor razón por la cual los tractores con más de 120
HP compactan el suelo. Sin embrago, se ha comprobado que existen
factores que atenúan el efecto negativo de la carga transmitida por
los neumáticos al suelo, como son la presencia de restos vegetales
sobre la superficie y el uso de neumáticos radiales.
Suponiendo neumáticos de iguales
dimensiones sometidos a la misma carga vertical, las
características constructivas del tipo radial permiten una
deformación mayor de su talón y en consecuencia, que la huella sea
más larga y de ancho similar respecto de los neumáticos
convencionales.
Ello deriva en un área de contacto mayor entre
el neumático y el suelo que permite trasmitir una fuerza de
tracción de mayor magnitud.
Estos criterios son aplicables cuando el suelo
presenta de mediana a alta cohesión entre sus partículas y
explican la conveniencia de emplear neumáticos de tipo radial.
Cuando el suelo presenta baja cohesión entre
sus partículas (suelos sueltos) la magnitud de la máxima fuerza de
tracción posible de transmitir, depende más de la carga máxima
que del área de contacto; razón por la cual conviene incrementar
el lastre del tractor.
Figura 2: medición de la distribución de la
presión en superficie (psi) bajo un neumático con la misma carga
vertical y dos presiones de inflado diferentes. Arriba: 10 psi (70
KPa). Abajo: 6 psi (40 KPa) (Vandenberg and Gill, 1962)
En ambos casos la resistencia a la rodadura,
originada en la reacción del suelo cuando es sometido a
deformación por parte del neumático, es siempre inferior para el
tipo radial en razón de que su presión de inflado es menor. Y
éste es un argumento más a favor de este diseño de neumático.
Todos estos argumentos indican que para lograr
un mismo esfuerzo de tiro, el uso de neumáticos radiales incrementa
la eficiencia tractiva en relación a la obtenida con neumáticos
convencionales.
Figura 3: en una situación general de
locomoción extravial, tanto el neumático como el terreno se
deforman. (Aubel, 1993)
También está claro que la eficiencia tractiva
es mayor cuando, para una misma superficie de contacto del
neumático con el suelo, la huella es larga y angosta, lo que
significa que neumáticos altos y angostos son más eficientes que
los bajos y anchos y por lo tanto, para el mismo esfuerzo de tiro
requieren menos peso adherente y compactan menos.
El coeficiente de tracción indica en cambio, la
capacidad de un tractor de ejercer el esfuerzo de tiro en función
de su peso adherente, los tractores más eficientes sólo han sido
capaces de arrastrar un equivalente a su propio peso estático.
Estos conceptos ayudan a interpretar el por qué
de las ventajas de los tractores con oruga de goma que, para la
misma potencia pueden ser mucho más livianos que los de ruedas y
alcanzar la misma eficiencia tractiva con coeficientes de tracción
altos. En otras palabras, los tractores con oruga de goma son
capaces de ejercer esfuerzos de tiro más altos con menor peso
adherente y por lo tanto compactan menos el suelo que los equipados
con neumáticos. Además, mantienen su eficiencia en un rango más
amplio de condiciones de suelo y lastrado del tractor.
Figura 4: el tractor con orugas de goma
compacta menos el suelo y es más eficiente
Para los equipos de cosecha es necesario,
además, optimizar la oportunidad de la recolección y por ello se
requieren cada día más cosechadoras de alta capacidad. Estos
equipos pueden procesar 40 tn/hora de granos y paja, aunque para
proveer esa capacidad con la tecnología actual pesan 200 kN ó más
cuando llevan sus tolvas llenas de grano y como consecuencia causan
excesiva compactación del suelo.
El problema que generan estos equipos es tan
serio que hoy los expertos trabajan sobre diseños de equipos
articulados con 3 ó 4 ejes, destinando el sector anterior a la
cosechadora propiamente dicha y el sector posterior al tanque de
granos.
Figura 5: propuestas futuras de cosechadoras
con 3 ó 4 ejes
Otra causa de compactación asociada con la
cosecha deriva del tráfico de los acoplados tolva de 1 ó 2 ejes
con capacidad de 15 a 25 tn de granos, para estos casos se
recomienda reemplazar las ruedas por orugas de goma y/o transitar
con ellos sólo en las cabeceras de los lotes.
Figura 6: reemplazar las ruedas de los
acoplados tolva por orugas de goma reduce la compactación
Tratamiento Mecánico del Suelo Agrícola.
Según se ha dicho, la compactación de los
suelos agrícolas con reducción del espacio poroso e incremento de
la densidad es inevitable y justifica la necesidad de remover el
suelo o realizar labranzas.
El problema derivado de la compactación
superficial puede solucionarse con tratamiento mecánico del suelo,
mientras que la compactación profunda no puede ser efectivamente
revertida con las operaciones de labranza normales, ya que la
efectividad del subsolado es cuestionable.
Para las diferentes zonas en general y para las
tropicales en particular se recomiendan los sistemas de labranza
conservacionistas, entendidos como el conjunto de operaciones de
labranza que no invierten el espesor de suelo labrado, dejan una
porción importante de los residuos sobre la superficie o los
incorpora superficialmente y su finalidad es: controlar la erosión,
reducir el uso de energía, conservar el suelo y el agua.
Muchos estudios han demostrado que estos
sistemas de labranzas incrementan el C y N orgánico en los 8-10 cm
superficiales en comparación con los métodos tradicionales de
laboreo. Por debajo de esta capa superficial la cantidad de C y N es
más o menos la misma o inferior que con labranza tradicional. Este
cambio neto en el perfil del suelo no es tan positivo como podría
parecer a pesar de que la cantidad cerca de la superficie es mucho
mayor, pues hay muy poca evidencia de que el C o el N orgánico se
mueva desde allí donde queda estabilizado por el humus del suelo.
El quebrado o rotura del suelo incluye, según
Coulomb, 2 procesos mecánicos: fricción y cohesión. La fricción
es proporcional a la presión ( )
que actúa perpendicular a la superficie de cizallado, mientras que
la cohesión ( )
es constante e independiente de la presión normal. La suma de ambos
define la intensidad de cizallamiento ( )
a lo que se agrega el coeficiente interno de fricción entre las
partículas del suelo ( ).

Cuando la humedad disminuye, la atracción entre
las partículas del suelo se incrementa de manera similar a la
causada por el aumento de la carga normal y por lo tanto, también
crece la intensidad de cizallamiento, es decir es más difícil de
romper el suelo. Mientras que con exceso de humedad la resistencia
friccional desaparece y es imposible romper o cizallar un suelo. Una
cantidad apreciable de MO es, usualmente, el primer requisito para
que un suelo sea fácil de romper, en particular cuando presenta
altos contenidos de arena o arcilla.
El tratamiento del suelo con herramientas de
tipo vertical es ampliamente recomendado por demandar menos energía
y por sus ventajas relacionadas con la conservación del agua y del
suelo; sin embrago las necesidades particulares de cada caso
muestran en la práctica una amplia complejidad que hacen difícil
predecir y por ello es necesario ejecutar ajustes en el campo. A fin
de apoyar la toma de este tipo de decisiones, en los próximos
párrafos se hace referencia a conceptos básicos relacionados con
la labranza vertical.
Herramientas y Labranza Vertical.
Cuando se analiza individualmente un cuerpo de
labranza vertical se atiende especialmente al ancho del área de
rotura y a la energía consumida por unidad de dicha zona o energía
específica.
Figura 7: laboreo de tipo vertical
Los estudios muestran que el ancho del área
roturada se incrementa cuando el ángulo de ataque de la púa es
más agudo y no depende de su ancho, mientras que la energía
específica se reduce cuando el ángulo es más agudo y se
incrementa con el ancho de la púa. También coinciden que el
ángulo que ofrece la mayor eficiencia está comprendido entre 20 y
18º.
Además, está claro que si el ángulo de ataque
de la púa es inferior a 45º aparece una fuerza resultante cuya
dirección es hacia abajo (succión) que ayuda a la penetración de
la herramienta. Si bien las púas curvas demandan más energía
específica, desmenuzan más el suelo que las púas planas.
El patrón de remoción característico es un
área con forma de media luna donde el suelo fluye hacia arriba, sin
embrago luego de aproximadamente 30 cm de profundidad se alcanza la profundidad
crítica (p.c.) a partir de la cual el suelo sólo fluye hacia
delante y los costados de la herramienta de labranza y produce
compactación hacia los lados; ésta será leve mientras el ángulo
de ataque sea inferior a 25º. Normalmente la p.c. aparece entre 5 y
7 veces el ancho de la púa.
Por ejemplo una púa normal de 65 mm de ancho
alcanza la p.c. entre 300 y 400 mm, aunque se ha comprobado que
luego de colocar un ala de 300 mm es posible incrementarla en 30 a
80 mm con incrementos del 10 al 30% en el esfuerzo de tiro.
Todo tipo y diseño de púa siempre alcanza su
p.c. que será mayor conforme el suelo esté suelto en superficie o
esté más seco, la púa sea más ancha, esté más inclinada o
tenga ala. La desventaja de trabajar debajo de la p.c. se pone en
evidencia con el subsolador convencional pues la carga aumenta, se
remueve menos suelo y se compacta en profundidad.
Se ha probado que la alternativa de colocar
púas superficiales por delante de la púa alada que trabaja más
profunda resulta en: mejor remoción de la superficie, disminuye la
energía específica y se reduce el esfuerzo de la púa alada.
Figura 8: (a) detalle del ángulo de ataque
(b) patrón de remoción a la p.c. (c) debajo de la p.c. sin alas
(d) con alas
Para todos los diseños de púas que trabajan a
p.c. existe una separación máxima aceptable entre los cuerpos que
no debe superarse si se desea remover bien el suelo. Las púas
convencionales deben separarse entre 1 y 1,5 veces la p.c., las
púas aladas entre 1,5 y 2 veces la p.c. y la combinación de púas
superficiales con púas aladas entre 2 y 2,5 veces la p.c. Es decir,
con púas convencionales la remoción completa del suelo con
superficie pareja sólo puede obtenerse si no se sobrepasa la
separación límite señalada, en caso de ser necesario
incrementarla se deberá colocar púas superficiales y/o alas en las
que trabajan más profundo.
En algunas condiciones es necesario remover el
suelo a mayor profundidad cuando existe compactación subsuperficial
o profunda, generada normalmente por el tráfico vehicular con
implementos cuyo peso por eje supera los 50 kN y como se ha
mencionado, es un problema complejo de revertir con tratamiento
mecánico del suelo.
Para roturar en profundidad se ha comprobado que
inclinar el cuerpo o timón del subsolador hacia el lado y a partir
de la p.c. permite remover aceptablemente hasta los 600 a 650 mm de
profundidad. En estos casos la fuerza hacia abajo o de succión se
reduce en un 20 a 40% mientras que la fuerza lateral se incrementa
en un 30%. Se distinguen 2 ángulos: el ángulo de ataque ( )
que se mide en el sentido de avance de la herramienta y ángulo
lateral ( )
en sentido transversal al avance. El primero debe variar entre 45º
y 20º como ya se ha señalado y el segundo ser de 45º
aproximadamente; las herramientas con este diseño o similar suelen
mencionarse con el nombre de paraplow.
Figura 9: detalle de los ángulos de ataque y
lateral de un paraplow, vista de lado ( )
y vista de frente ( )
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Autores:
Dr. Ing. Agr. Mario E. De Simone, Ing. Agr. Adriana I. Godoy
EEA INTA Salta.
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