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Introducción
En los últimos años en el cultivo de Maíz,
gracias al avance de la genética (incorporación del gen Bt a los
cultivares), la fertilización balanceada y la eficiencia en el uso
del agua que ofrece la Siembra Directa, se han logrado rendimientos
superiores a los 14.000 kg/ha en secano y superiores a los 17.000
kg/ha bajo riego; esto para un stand de 90.000 plantas/ha, hace
necesario que la espiga (única por planta) tenga al menos 155 y 188
granos/espiga respectivamente. Plantas con estas características de
desarrollo y potencial de rendimiento, deben hacer frente a
condiciones de ventosidad elevada, con elevado porcentaje de
precipitaciones, con una caña Bt que no se quiebra, lo cual provoca
el arranque de las plantas, o sea el vuelco sin el quebrado del
tallo; quedando volcadas y arrancadas con las raíces afuera y todo
el tocón de tierra, siendo muy difícil cosecharlo eficientemente,
sin dañar severamente la cosechadora y el cabezal, ya que si bien
las plantas se levantan con pérdidas normales, ingresa al cabezal y
a la cosechadora, la planta entera con el tocón de raíz y mucha
tierra húmeda, lo que constituye una lija y esmeril que daña
severamente a la mejor cosechadora, siendo más peligroso, si la
misma es de rotor axial, dado que ese tocón de tierra gira 12
vueltas antes de salir por la cola de la cosechadora.
Para poder disminuir estos problemas de volcados
de los nuevos cultivares de Maíz y aprovechar al máximo ese
potencial de rendimiento, sin tener que solucionar problemas al
momento de la cosecha, debemos prestar principal atención a la
tarea de siembra del cultivo de Maíz y a dos factores determinantes
de esta tarea como son la uniformidad en profundidad y espaciamiento
de siembra.
Autor:
INTA MANFREDI, 2006
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