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Categoría: Agroindustrialización
en Origen |
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Integración Vertical de los Sistemas Productivos
Argentinos
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¿Nuevos paradigmas para los sistemas
productivos agropecuarios argentinos? Agregar valor en origen. |
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Ing. Agr. M.Sc. Mario Bragachini
Coordinador de la Red del Proyecto Agricultura de Precisión y
Máquinas Precisas
Coordinador del Proyecto Específico Eficiencia de Cosecha
INTA EEA Manfredi - E-mail: precop@correo.inta.gov.ar
Julio de 2009
En los últimos años se produjeron cambios
profundos a nivel global y también en Argentina esos cambios, entre
otras cosas, indican un crecimiento de la siembra sobre campos
alquilados con contratos de muy corto plazo (muchas veces una
campaña). Este proceso dificulta la planificación de un sistema de
rotación de cultivos, la aplicación de tecnología como la del
balance de nutriente y carbono del suelo, también afecta el
desarrollo de estructuras fijas que permiten integraciones que
faciliten procesos de industrialización en origen, transformaciones
de proteína vegetal a proteína animal, biocombustibles, etc.
Finalmente desalienta la integración asociativa para encarar
proyectos de mayor valor agregado en origen, que conlleven a un
crecimiento con desarrollo y equidad del interior del país.
Las crisis agudizan el ingenio y activa muchas
mentes en todos los niveles de la cadena agroalimentaria. Argentina
necesita generar condiciones que incentiven la toma de decisiones
para elaborar y ejecutar emprendimientos con inversión
público/privada, reinvirtiendo los recursos generados por el sector
agropecuario primario, posibilitando que el capital tierra sea mejor
aprovechado, multiplicando varias veces el valor de la producción
primaria, antes de llegar a los puertos. Como se sabe, cualquier
transformación y agroindustrialización genera movimientos de la
economía, rentas y muchos puestos de trabajo.
Por tal motivo surge la necesidad de diseñar
estrategias tecnológicas integrales que orienten al desarrollo de
políticas activas que mejoren la realidad mirando a los próximos
15 años. Las medidas regulatorias y de incentivo político deben
gestarse desde la intendencia de los pueblos
"agropecuarios" del interior. La propuesta tiene como base
la idea de dejar de ser espectadores para pasar a ser uno de los
tantos protagonistas de los cambios que debemos al menos considerar,
discutir, para luego elaborar proyectos concretos que se transformen
en productos.
Esto requiere participación y alto compromiso
social/empresarial. Lo más claro de la realidad es que la cadena
de agroalimentos argentina debería crecer en productividad, valor
agregado y sustentabilidad, para ello es conveniente crecer
en procesos de industrialización primaria en origen, crecer en
la transformación de ese alimento de origen vegetal en
proteína animal (carne bovina, leche, cerdo, producción
avícola), y también debe crecer en industrialización
secundaria (o sea frigoríficos, plantas lácteas diversas,
chacinados, etc., etc., todos con calidad trazable y denominación
de origen en ciertos productos), y si es posible una terciaria
(carnes cocinadas listas para ser consumidas). Además se debería crecer
en la cadena de frío y abastecimiento trazable hasta las góndolas
locales y del mundo, pero siempre bajo estructuras manejadas desde
origen.
Hoy existen muchos ejemplos exitosos de grandes
complejos agroindustriales, pero también es real que el grueso de
la exportación agropecuaria argentina está constituida por
"commodities", por lo que se sugiere que en el futuro
ningún producto primario viaje en camión más de 80 km. sin
recibir un incremento de valor, o sea agregado de valor en
origen. En los próximos 10 años, Argentina debe incrementar
el valor promedio de la tonelada exportada de agroalimentos de 400
U$S/tn a más de 1.200 U$S/tn y de ese incremento de valor o
renta debe apropiarse el productor agropecuario primario si desea
seguir siendo competitivo. La primer pregunta es ¿competitivo
respecto a quien? respecto a los productores del resto del mundo que
hace mucho tiempo que ya pasaron las tranqueras; la segunda pregunta
es ¿cómo lo hacemos? y la respuesta es participando activamente de
manera asociativa en toda la cadena de agroalimentos, o sea una integración
vertical del productor primario en la cadena de agro alimentos.
Al "exportar" cereales y oleaginosas
como grano de una zona a otra, se pierde la potencialidad de agregar
valor y generar mano de obra en origen, o sea pierde el potencial
desarrollo del territorio generado por la actividad agropecuaria.
El grado de desarrollo de un país es
precisamente el valor de la tonelada exportada en relación al valor
de la tonelada importada.
De la misma manera se mide el desarrollo de
territorio de un país; hoy en Argentina existen provincias y
ciudades agroindustriales y otras que solo producen y
"exportan" con fletes caros, materia prima sin elaborar,
es evidente que es difícil crecer cuando la producción de bajo
valor (grano) viaja por camión más de 200 km. al lugar del primer
destino.
En este aspecto, como ejemplo se puede mencionar
que al menos 3 provincias del NOA, fuertemente exportadoras de grano
forrajero (muy alejadas de Rosario), importan de otras provincias
carne y leche.
Resulta poco conveniente y sustentable importar
toneladas de fertilizantes, agroquímicos y maquinaria agrícola a
700, 3.000 y 10.000 U$S/t respectivamente, transformarla en cereales
y oleaginosas y exportarla a 400 U$S/t en promedio.
Claro está que mirando a 15 años, se debe
evolucionar mucho al respecto, sin dramatizar, ni perjudicar a
nadie, en favor de todo el país; evolucionar con propuestas y
acciones concretas en las que la gran mayoría de los habitantes
estemos de acuerdo, y que se transformen en políticas
agroalimentarias de Estado.
Por ello en el INTA, desde el Proyecto PRECOP
II, un grupo de técnicos de varias experimentales desde mediados
del año 2007 estamos trabajando para generar y difundir un nuevo
concepto de agroindustrialización del campo donde el valor agregado
sea producido en origen, donde la producción primaria sea
producida con la mejor tecnología, con precisión por ambiente,
con el concepto de que la calidad comienza desde el principio,
donde se eviten pérdidas físicas y de calidad, dentro de un marco
de "aseguramiento de la calidad".
En lo posible producir cereales u oleaginosas
teniendo en cuenta el objetivo de satisfacer un estándar de calidad
específico, que es demandado por la agroindustria, según los
productos que elabora y las exigencias de los distintos mercados.
La agricultura de precisión además de hacer
preciso y rentable el uso y aprovechamiento de los insumos aplicados
según ambiente, también es una poderosa herramienta para la
trazabilidad de procesos, disminuyendo la contaminación ambiental y
de los productos.
Posteriormente a este Proceso Primario con Valor
Agregado viene el próximo eslabón, la industrialización primaria,
o sea "fabricar" luego de algunos procesos precisos
(molienda, extrusado) los mejores alimentos balanceados específicos
(para cerdo, pollos y bovinos), ese producto todavía de relativo
valor agregado no debe trasladarse muchos kilómetros para ser
transformado en proteína animal: cerdo, pollo (huevo/carne) y
bovino (leche/carne). Todos los procesos de transformación
intensivos generan efluentes que deben ser bien tratados y
transformados mediante algún tratamiento estratégico que,
dependiendo del tipo de biomasa o efluentes "de acuerdo al
sistema productivo", podrán ser tratados mediante procesos de
biodegradación (biodigestor) para producir biogás, bioelectricidad
y fertilizantes orgánicos líquidos, energía que debe ser
reutilizada en un complejo agroindustrial transformador con mucha
eficiencia y al residuo líquido distribuirlo como fertilizante
orgánico para reponer los nutrientes en los propios campos donde
fueron extraídos a través de los granos y pasturas.
En el mismo complejo deberían ubicarse las
industrias secundarias que dan el gran incremento de valor agregado,
los frigoríficos de pollo, cerdo y bovinos, las industrias
lácteas, las industrias de procesamiento de huevos, de fiambres y
chacinados, quesos, dulce de leche, etc. muchos de ellos con
denominación de origen (lo que constituye más valor agregado).
Todas estas industrias consumen energía y desechan efluentes que
también pueden alimentar un biodigestor y producir biogás,
bioelectricidad y fertilizante líquido orgánico, mejorando la
ecuación energética y la gestión ambiental.
En el mismo complejo y como otro eslabón de
generación de renta y trabajo, debe existir la cadena de transporte
con línea de frío y trazabilidad para llegar con la mejor calidad
posible a las góndolas del mundo.
Los cambios propuestos en estos modelos
productivos a modo de ejemplo están indicando una evolución en
el manejo del valor agregado donde muchos productores
trabajan de manera asociativa con ubicación geográfica
estratégicas. Estos productores confluyen con su producción
primaria a un centro de industrialización con escala competitiva
que funciona como una Sociedad Anónima con espíritu cooperativo,
donde cada unidad es manejada en forma independiente generando rentas
que deben ser redistribuidas en proporción a los kilogramos de
materia prima aportada. Es decir que la propuesta debe contemplar
una apropiación de la renta por parte del productor primario,
así en todos los procesos, industrialización secundaria,
transporte, cadena de frío y comercialización en el mercado
interno y externo (exportación).
Este valor agregado en origen genera crecimiento
con desarrollo (genera trabajo en origen), la equidad de
distribución está asegurada por el espíritu asociativo de los
emprendimientos, evitando la concentración de la población en
grandes ciudades, con todo lo que eso implica.
La sustentabilidad y la conservación de los
recursos naturales estarían también asegurados por el manejo
de los insumos según ambiente, con la trazabilidad del
trabajo a campo y por la secuencia y rotación de cultivos donde
el maíz, el sorgo y el trigo estarían siempre presentes como
cultivos capturantes de carbono y generadores de raíces
estructurantes de suelo. La soja será el cultivo proteico por
excelencia debido a que Argentina posee las mejores
condiciones edafoclimáticas para producirla, además de un paquete
tecnológico de muy bajo costo, el más bajo del mundo. Por estas
razones, hay que cuidar la sustentabilidad del ambiente productivo
incluyendo a la soja. A nivel químico, al suelo se le devolverá
gran parte de los nutrientes mediante el aporte de los fertilizantes
orgánicos líquidos extraídos de los biodigestores y de otros
sistemas de tratamientos como es el caso de producción avícola o
los Feed Lot, que en todos los casos serán distribuidos
racionalmente en donde más convenga. O sea que con esta
metodología de trabajo también frenamos la hoy masiva exportación
de nutrientes a bajo precio que llevan los granos, las harinas y
aceites al resto del mundo.
Muchos son los modelos productivos que se pueden
diseñar bajo esta filosofía asociativa de escala competitiva
con integración vertical y agregado de valor en origen.
Debemos también tener en cuenta que en
Argentina es factible replicar en parte algunas de las 160 plantas
productoras de etanol a partir de la molienda del grano de maíz que
existen actualmente en EE.UU. y consumen 90 M/Tn de maíz por año.
Es pertinente aclarar que al menos 100 de 160 plantas de este tipo
existente en EEUU, están en manos de los productores de manera
asociativa.
Los modelos de producción de etanol, a partir
de caña de azúcar, a partir de grano de maíz y sorgo y también
el etanol de sorgo planta entera de sorgo azucarado cosechadas con
máquinas de caña de azúcar serán una alternativa en Argentina en
el mediano plazo. Todos estos complejos industriales alcoholeros
producen residuos muy valiosos para la alimentación animal,
principalmente el DDG (grano seco destilado) de maíz y sorgo
granífero muy ricos en proteínas (25%) con 10 a 12% de humedad.
También se puede utilizar como alimentos perecederos el DDGS, o sea
con 60% de humedad (ración para corta distancia), donde se favorece
el asociativismo del productor vecino a la planta. El etanol no se
puede transportar por caños, por lo tanto debe hacerse por camión
o tren hasta una refinería petrolera, esto indica un análisis
preciso de la situación y la logística de radicación.
Tampoco debemos descartar las otras fuentes
de energías renovables como ser la energía eólica en
zonas de mucho viento y la energía solar, dos fuentes
generadoras de electricidad que serán la llave para producir
hidrógeno, ya existe experimentalmente el tractor a hidrógeno
y como se sabe la tecnología del hidrógeno es de electricidad
dependiente.
En el camino del balance energético y ambiental
existe la tecnología del biogás; estos modelos demandan
mucho gas y en el caso que sobrara biogás se transformaría en
electricidad a través de un generador; el efluente del biogás
es un fertilizante orgánico líquido rico en P y N, pero se
ofrece muy diluido, lo que indica para su utilización un gran
caudal por hectárea, señalando la conveniencia de utilizar un
equipo de riego (Pívot) para fertirrigación, claro está haciendo
funcionar el motor de la bomba extractora de agua también con
biogás. Esta alternativa será viable en zonas con calidad y
cantidad de agua subterránea; donde no exista el agua, el
fertilizante líquido orgánico se distribuirá con tanques
distribuidores especiales.
Todos estos modelos productivos ya existen y
funcionan en Brasil, EE.UU., Europa Central y también se
replicarán en Argentina pero con el gran desafío de integrarse
verticalmente. El valor del petróleo 66 U$S/barril del año
2009, versus 16 U$S/barril del año 2002, el valor de la tierra
actual en Argentina de 8.000 U$S/ha., versus 2.000 U$S/ha en el año
2002 indican cambios de paradigmas sobre el uso de la tierra y la
energía, que no alcanza a ser sustentable para un país que exporta
granos sin valor agregado de una zona a otra y menos a otros
países.
Otra cosa que seguramente será una moneda
constante en los análisis del futuro será cuanto valor agregado se
puede poner a un milímetro de agua útil de un perfil de suelo
fértil. Los promedios de conversión de los cultivos indican 7
kg/ha de soja por milímetro de agua útil, 8 kg/ha de trigo, 14
kg/ha de sorgo granífero y 17 kg/ha de maíz, aproximadamente. Eso
indica que si la soja vale 446 U$S/t y el trigo 194 U$S/t, el maíz
148 U$S/t y el sorgo 125 U$S/t, un milímetro convertido a soja
produce primariamente 3,12 U$S/mm. de agua útil y el trigo solo
1.55 U$S/mm., el maíz produce 2.51 U$S/mm. y el sorgo granífero
1.75 U$S/mm., y como se sabe en siembra directa al realizar doble
cultivo, el milímetro utilizado para el trigo seguramente faltará
para la soja o maíz de segunda. Por lo tanto en un futuro se
hablará de costos de producción, de rentabilidad, pero también de
la capacidad de transformación de los cultivos por milímetros;
claro está, sin olvidar la sustentabilidad del sistema.
Además otra cosa que será muy tenida en cuenta
en el análisis será la capacidad de valor agregado que posee
cada kilogramo de cereal y oleaginosa por su valorización en la
industrialización, como así también en la eficiencia de
transformación, en las diferentes alternativas de proteína animal
producida teniendo siempre presente al consumidor a nivel global.
Todo indica que el campo argentino del
mediano plazo (10 años) debería abandonar la idea de exportación
sin transformación, sin industrialización, sin valor agregado en
origen para evolucionar hacia sistemas productivos donde el
productor primario supere la tranquera, participe y se apropie de la
renta, recuperando la competitividad territorial, progresando con
desarrollo, con gestión ambiental y energética, conservando los
recursos naturales, con equidad de distribución de la renta que
fueron capaces de generar mediante la integración vertical de la
cadena agroalimentaria.
Cada milímetro de agua almacenada en suelo
fértil con cultivos de alta capacidad fotosintética debe ser
aprovechado al máximo, y eso no será posible lograrlo si el grano
producido es industrializado y transformado a muchos kilómetros y a
veces a miles de kilómetros de donde se produce. En el futuro
cercano la medición de la productividad de un campo dejará de ser
la unidad kg/ha de granos, para transformarse en parámetros como
valor agregado en góndola/ha, o bien, puestos de trabajo generados
en origen por hectárea.
A continuación se muestran esquemáticamente
solo 3 modelos productivos de integración vertical de las tantas
combinaciones que se pueden lograr dependiendo de muchos factores
agro climáticos frente a las diferentes eco-regiones posibles de
implementar. Un grupo de técnicos del INTA distribuidos en 10
provincias y 14 experimentales trabajan para facilitar técnica y
operativamente a que estas ideas de asociativismo empresarial, con
integración vertical en origen con participación directa del
productor primario sea una realidad en los próximos años, los que
pueden participar en esta Red de Agroindustrialización en Origen
tendrán permanente información actualizada en el sitio web www.cosechaypostcosecha.org
y www.inta.gov.ar.
Los argentinos también podemos hacerlo…
Los intendentes de los pueblos del interior del
país que hoy ven comprometida la futura demanda laboral en origen,
tendrán que ponerse al frente de la gestión de los mejores
proyectos de integración vertical para su zona; existen ejemplos
exitosos en Argentina.
Los pequeños y medianos productores del futuro
serán dueños de una haba parte de un gran complejo agroalimentario
en origen.
Figura 1: Modelo de integración vertical
de la producción agropecuaria, donde se integra la producción de
grano y pasturas con precisión y sustentabilidad,
industrialización primaria, transformación con trazabilidad,
carne bovina y aviar, procesamiento y transporte hasta llegar a
las góndolas de los supermercados.
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Figura 2: Otro modelo de integración
vertical donde la producción primaria de grano es transfornada en
carne porcina y a través de una granja en huevo,
industrialización y transporte hasta llegar a la góndola de los
supermercados.
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Figura 3: Integración vertical de
agricultura grano/pasturas para producción intensiva y
procesamiento industrial de leche, producción de bioenergía,
gestión ambiental y cadena de transporte hasta las góndolas.
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En los tres modelos propuestos:
-
Esquema 1: se destaca la producción
de carne porcina y aviar.
-
Esquema 2: la proteína animal esta
presente a través de la carne porcina y huevo (granja).
-
Esquema 3: la leche bovina es el
centro de la transformación.
La base estratégica es el asociativismo de
muchos productores vecinos que se integran en una S.A. alrededor
de un complejo agroalimentario en origen, donde los puntos
destacados son:
-
Escala asociativa (competitividad de
los productores primarios).
-
Agregado de valor en origen (nuevos y
jerarquizados puestos de trabajo).
-
Desarrollo de territorio con equidad
distributiva.
-
Generación de bioenergía (biogás y
electricidad), fertilizantes orgánicos y también
biocombustibles.
-
Conservación de los recursos
naturales (mejor secuencia de cultivos con mejor balance
químico y de Materia Orgánica de los suelos).
-
Gestión Ambiental (captura y
aprovechamiento de gases y efluentes contaminantes).
Ejemplos de Cadenas de Valor de algunos granos
en Argentina.
Los 5 cultivos extensivos más importantes
de Argentina son: soja, trigo, maíz, girasol y sorgo, en ese
orden por área de siembra. Los 5 requieren condiciones
edafoclimáticas apropiadas para su desarrollo, pero en muchas
zonas del país se superponen y generan la provisión de granos
y biomasa que se pueden industrializar y transformar en
alimentos humanos, agregando valor a la producción primaria.
En el país existen muchas industrias
agroalimentarias, molinos, frigoríficos, ingenios, aceiteras,
etc. muy exitosos, propiedad de grandes empresas y eso forma
parte del valor agregado que Argentina necesita para
desarrollarse y crecer.
La idea es que el desarrollo de los pueblos
del interior solo es posible lograrlo con trabajo genuino, y la
tecnología desarrollada en la última época para producir
granos requiere muy pocas horas hombre por hectárea; como
ejemplo se puede decir que en la década del 80 una hectárea
agrícola requería entre 10 y 12 horas hombre (máquinas
chicas, labranza), hoy las mismas hectáreas y el mismo cultivo
se hacen con 2 horas hombre/año, eso es desarrollo
tecnológico, que baja los costos y hace más competitiva la
producción primaria. Argumentos más que válidos como para
aceptar la tendencia e inclusive profundizarla, pero la pregunta
es que se hace con los puestos de trabajo ya que los jornales
solo se pagan si se requieren (en 20 años la tecnología de
producción de grano primaria en Argentina tranqueras adentro
demanda un 75% menos horas/hombre/año).
La aplicación de tecnología elevó la
productividad por hectárea y la productividad del hombre.
Además, este proceso de desarrollo
tecnológico es mundial e irreversible, y la idea es también
imitar como los países desarrollados generaron paralelamente el
desarrollo agroindustrial en origen para generar puestos de
trabajo que permitan progresar a pueblos florecientes en el
interior productivo, y que la materia prima producida sea solo
el inicio de procesos agroalimentarios para agregar valor en
origen.
La idea es sencilla y solo requiere de un
cambio de mentalidad sobre la base de reinvertir toda la renta
en el sector agroindustrial, de manera asociativa (Sociedad
Anónima) alcanzando emprendimientos tecnológicamente
competitivos y sustentables que demanden puestos de trabajo en
origen.
El INTA posee un equipo de gente que está
dispuesto a trabajar en ese sentido facilitando la información
necesaria para que en 10 años, muchos productores pequeños y
medianos se integren a la cadena de agroalimentos aportando el
trabajo de su familia y se apropie de una cuota parte de la
renta que se genera en origen.
A modo de ejemplo, se describen algunos
modelos de integración vertical agroindustrial que se pueden
desarrollar en origen partiendo de la materia prima que cada
productor aporte y que hoy se exporta de la zona sin valor
agregado.
Cadena de Valor del Sorgo:
Cadena de Valor de la Soja:
Cadena de Valor del Girasol:
Cadena de Valor del Maíz:
Cadena de Valor del Trigo
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Figura 1. Destino posible de
los diferentes tipos de grano de trigo y según su contenido
de proteína.
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Resumen realizado por el Ing. Agr.
M.Sc. Mario Bragachini, Ing. Agr. José Peiretti y Mauro Bianco
Gaido, a partir de información presentada en el Panel del
PRECOP "Cadena de Agroalimentos", en Agroactiva 2009 ,
(5 junio de 2009 - Ballesteros, Córdoba).
Sorgo: INTA EEA Manfredi – Sección Sorgo
Soja: AC SOJA
Girasol: ASAGIR
Trigo: APROTRIGO
Maíz: MAIZAR
Agradecemos a los técnicos que participaron.
Autor:
Ing. Agr. M.Sc. Mario Bragachini
Coordinador de la Red del Proyecto Agricultura de Precisión y
Máquinas Precisas
Coordinador del Proyecto Específico Eficiencia de Cosecha
INTA EEA Manfredi - E-mail: precop@correo.inta.gov.ar
Julio de 2009
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