Argentina ha sido siempre un país con
posibilidades inigualables de desarrollo económico y social,
gracias a las riquezas de sus recursos naturales e intelectuales. No
obstante, estas ventajas competitivas muchas veces han sido
desaprovechadas.
Las nuevas posibilidades y realidades que
enfrenta el país, debido a la situación coyuntural local y mundial
actual, renuevan la exigencia a sus instituciones, empresas y
ciudadanos, de asumir de una vez el compromiso de dar un salto
cualitativo de modelo de país para pasar de ser una nación
exportadora de granos, con un bajo aprovechamiento de sus recursos
energéticos y técnicos, a ser un país industrializado con
agregado de valor en origen de sus productos agropecuarios,
ofreciendo nuevas divisas, numerosos puestos de trabajo en origen y
un desarrollo equitativo de sus pueblos y de su territorio.
El estado nacional y provincial, a través del
INTA, las universidades y demás instituciones, están motorizando
hoy ese cambio que se adeudaba, asumiendo su rol de líder conductor
de este nuevo paradigma agroproductivo.
El camino de conversión que ya se ha comenzado
a transitar,está mostrando cambios tangibles en la mentalidad del
productor materializados concretamente en un alto número de
establecimientos agroindustriales emergentes en todo el territorio
nacional.
Esta nueva realidad de progresiva
industrialización rural demanda hoy, y lo hará en forma creciente,
una infraestructura acorde con sistemas de transporte y
comunicación avanzados, mano de obra calificada y con formación en
agroindustria, y un sistema energético adecuado a las nuevas
demandas.
Debido al crecimiento acelerado en la
producción industrial de los últimos años, la demanda energética
del país aumentó a una velocidad tal que las inversiones
realizadas por el estado no alcanzan para suplir tal demanda. El
país fue hasta hace pocos años exportador de hidrocarburos pasando
a ser hoy un importante importador de los mismos con una balanza
comercial negativa que en 2011 alcanzó aproximadamente los 3.000
millones de dólares.
El país enfrenta un importante déficit
energético y se hace espejo al mismo tiempo de una situación
mundial de escasez de los hidrocarburos que además muestran un
aumento de sus precios día a día.
Esta situación junto a la preocupación por el
proceso de calentamiento global latente, han movilizado a la
Argentina y a los países del mundo entero a la búsqueda de
soluciones que reviertan esta realidad.
La reducción de emisiones de carbono (huella
del carbono), la reducción de la deforestación y la adopción de
nuevas fuentes de energía, nuevas tecnologías y nuevas prácticas
y costumbres se presentan como factores fundamentales de cambio.
El desarrollo de energías renovables ha
avanzado aceleradamente en las últimas décadas como una
herramienta más que contribuya a la solución del problema del
calentamiento global. Entre estas fuentes alternativas, las bioenergías,
además de ofrecer parte de la solución, abren un nuevo
abanico de posibilidades de negocio que los países desarrollados
han sabido visualizar.
En nuestro país, a lo largo del territorio, se
presentan áreas que por un lado afrontan déficits energéticos
importantes, siendo que poseen por otro lado abundantes recursos
biológicos (biomasa vegetal, desperdicios de sistemas ganaderos,
agroindustrias, etc.). Esta realidad genera nuevas alternativas para
dar un valor agregado a la materia prima produciendo esa energía
faltante a partir de biomasa, incrementando la rentabilidad de los
establecimientos que aprovechen esta situación y ofreciendo
autonomía energética a sus pueblos.
Las bioenergías más conocidas son el
bioetanol, el biodiesel, y el biogás. El desarrollo de estos
biocombustibles en el país contribuirán cada vez más a disminuir
la emisión de GEI (Gases de Efecto Invernadero), de los
combustibles argentinos y a disminuir proporcionalmente la
importación de los mismos.
La Argentina ya está dando pasos firmes en
materia de producción de biodiesel, exportándose gran parte
de este y con un consumo interno limitado, pero que podría verse
incrementado con un aumento en el porcentaje de corte obligatorio,
lo que está previsto para los próximos años. En materia de bioetanol
en base a cereales se están dando los primeros pasos y se estima
que en poco tiempo se logrará cumplir con la demanda del corte del
5% de las naftas argentinas, pudiendo también en este caso aumentar
su porcentaje de participación en dicho corte en pocos años.
En materia de biogás, el país aun no ha
incursionado en la producción industrial del mismo, siendo que este
se presenta como una nueva oportunidad de negocio para la
obtención de energía eléctrica y calor a
partir de la biomasa, y también como una solución al problema
de los desperdicios orgánicos de
establecimientos ganaderos, granjas avícolas, industrias
alimenticias, y de las aguas cloacales y desperdicios orgánicos de
las ciudades.
En cuanto a los beneficios medioambientales del biogás,
estos no solo se materializan en permitir el tratamiento de desechos
orgánicos y la reducción de emisiones de efecto invernadero, sino
que además representa una alternativa real y viable para la revitalización
de zonas agrícolas desfavorecidas en el país, como también la
posibilidad de favorecer la rotación de cultivos con especies que
aportan biomasa al suelo, permitiendo un mayor equilibrio en los
sistemas agropecuarios y devolver nutrientes al suelo a partir de
los residuos del proceso.