Falta muy poco para el inicio de la Expoagro del
Bicentenario y, como en cada edición, el INTA estará
presente con las últimas innovaciones en agricultura y
ganadería, además de algunos aspectos relacionados con
el impacto del trabajo institucional en la sociedad y la
salud.
Este año, el instituto hará hincapié en el doble
propósito de su trabajo: calidad e innovación. Y en este
último caso, tomando el concepto desde una perspectiva
social que trasciende la invención científica para
alcanzar una dinámica compartida por instituciones y
productores. De esta manera, desde el INTA se gesta un
proceso de innovación tecnológica y organizacional que
hace posible, en conjunto, incrementar la eficiencia y la
productividad del sector, así como mejorar la calidad de
vida.
En esta línea, el INTA propondrá una estrategia
ligada al concepto de innovación como un modo de
contribución al desarrollo rural, aportando tecnologías
de procesos y productos, pero también con nuevas formas
organizativas, información, comunicación, financiación
y comercialización, que apoyen la reconstrucción de los
territorios.
Los aportes del INTA estarán organizados en tres
áreas: agricultura, ganadería y calidad de vida. En cada
una, la innovación aparecerá a distintas escalas,
destacando la investigación –cómo se generan las
nuevas tecnologías y conocimientos– y la extensión –cómo
se comparten–.
Innovación en agricultura
La agricultura de precisión y las máquinas precisas
permiten hacer un uso eficiente de los recursos e insumos
productivos, logrando un manejo seguro, libre de emisiones
y contaminaciones, además de mejorar la cantidad y
calidad de los alimentos producidos mediante el desarrollo
y adopción de nuevas tecnologías.
La genética aplicada a la innovación en la
agricultura también tendrá su lugar. Esta actividad
apunta al desarrollo de material genético con
características especiales y la aplicación de nuevas
herramientas biotecnológicas para entender las bases
bioquímicas y moleculares que hacen a la calidad e
inocuidad del grano. Los cultivares BioINTA 2004 y Puitá
INTA son ejemplos concretos de la innovación en
mejoramiento de trigo y arroz, respectivamente.
Otra innovación, relacionada con la agricultura
certificada y la evaluación y manejo del ambiente, es el
modelo AgroEcoIndex: un software con 18 indicadores de
gestión ambiental, especialmente diseñado para que las
empresas agropecuarias obtengan ventajas comparativas.
Por su parte, se presentará el Proyecto de Eficiencia
de Cosecha y Poscosecha de Granos, que propone aumentar la
cantidad y calidad del material cosechado y almacenada,
así como reducir las pérdidas. Según Cristiano Cassini,
del INTA Manfredi, esto permite "agregar valor a las
exportaciones agroalimentarias y agroindustriales del
país como herramienta fundamental del desarrollo
territorial". Al respecto, algunas cifras son más
que elocuentes: en tres años, el proyecto redujo un 28% y
un 20% las pérdidas en cosecha y poscosecha,
respectivamente –con un valor económico estimado de 439
millones de dólares anuales–.
El INTA busca también industrializar la producción
primaria, mediante emprendimientos de productores en forma
asociativa. Así, el agregado de valor a los granos en
origen será la herramienta indispensable para mejorar la
sustentabilidad económica argentina: mayor competitividad
para los productores, generación de nuevos productos y
bioenergía y más puestos de trabajo y equidad social.
La producción de bioenergía contribuye a afianzar la
producción sustentable de diferentes vectores
bioenergéticos provenientes de diversas fuentes en el
territorio nacional, sin afectar la seguridad alimentaria.
Además de mitigar los efectos del cambio climático y
generar puestos de trabajo, esta energía permite mejorar
la producción de un modo eficiente. Para esto, se propone
el desarrollo y expansión de cultivos alternativos para
producir biocombustibles mediante el mejoramiento y ajuste
agronómico incluyendo su mecanización, transporte,
acondicionamiento y transformación.
Innovación en ganadería
Se destacará la importancia de los forrajes
conservados de alta calidad para obtener dietas
balanceadas con precisión, para una correcta
conservación y conversión en carne y leche de alta
calidad para el consumo humano.
Como complemento, se mostrará el desarrollo de
herramientas para la ganadería de precisión, que
potenciará las posibilidades de acceso a los mercados y
de mejorar los precios de venta al posibilitar una
certificación. Con un novedoso sistema, se monitorea
permanentemente el movimiento de los animales mediante
collares con GPS que se colocan en el rodeo. Así, se
consigue mayor control sobre el uso de recursos forrajeros
y los contactos de los animales con fines epidemiológicos
y reproductivos.
Las prácticas ganaderas pueden mejorarse sin grandes
esfuerzos y con pocas inversiones de costo mínimo, por
ejemplo, si se considera el bienestar animal, un proyecto
que permitirá reducir pérdidas en calidad y cantidad de
carne, como también mejorar los procesos productivos.
Asimismo, el INTA cumplió dos décadas de mejoramiento
genético de la ganadería argentina, específicamente con
Angus, la principal raza del país. Se evalúan marcadores
moleculares asociados a la terneza de la carne, un factor
de interés económico muy demandado por los consumidores.
El conocimiento de las características de producción
contenidas en el código genético de los toros y su
correlato en la progenie potencian la comercialización
nacional de reproductores, semen o embriones.
Por otra parte, el INTA consiguió cruzar
investigaciones sobre ganadería, cambio climático y
emisiones de gases con efecto invernadero, a sabiendas que
la explotación de bovinos genera más del 30% del total
de esas emisiones del país. Con una mochila, instalada
sobre el animal, un equipo de telemetría registra online
las emisiones de metano entérico, en condiciones de
pastoreo, lo que permite diseñar estrategias de
mitigación.
Calidad de vida
Desde la biotecnología, el INTA contribuyó a
descifrar completamente el genoma de la papa, el tercer
alimento de importancia mundial. Es el punto de partida
para una gran variedad de proyectos que tienen como
objetivo identificar a los genes que confieren valor a la
papa para generar, en el mediano o largo plazo, variedades
con características mejoradas en producción, sanidad,
calidad nutricional e industrial
También se desarrolló una leche funcional para
elaborar lácteos de alto impacto sobre la salud humana,
que superan al clásico aporte de nutrientes. Así, esta
"súper leche" posee características que
reducen el riesgo cardiovascular asociado a factores
dietarios con propiedades antitumorales, antidiabéticas.
Con este insumo pueden elaborarse quesos, mantecas y
yogures funcionales para consumo humano, capaces de
prevenir o atenuar la aparición de enfermedades
degenerativas.
Por otra parte, el INTA desarrolló diversas
actividades de control de residuos y plagas agropecuarias
de importancia para la salud humana, mediante tácticas
menos contaminantes como el uso de bioinsecticidas
desarrollados con microorganismos benéficos. Con esta
tecnología, fue posible elaborar un producto eficiente y
amigable con el ambiente para combatir al mosquito vector
del dengue.
Además, la Incubadora de Proyectos y Empresas
Tecnológicas (IncuINTA) refuerza y desarrolla los
instrumentos de generación y transferencia de
tecnologías del instituto. En este contexto se avanza,
actualmente, con la creación de una vacuna contra el
virus H1N1.
También se podrá ver una experiencia de educación
alimentaria, comunitaria y ambiental a partir de la huerta
escolar, en la busca de espacios para la construcción
colectiva de hábitos saludables y solidarios. El proyecto
Aula Huerta Aula Abierta encontró un espacio innovador
para el aprendizaje y la inclusión, profundizando los
conocimientos en educación alimentaria y auto producción
de alimentos. Este ejemplo se enmarca en la actividad que,
desde hace 20 años, viene ejecutando el programa
Pro-Huerta en todo el territorio nacional.
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